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Con deseo de normalidad comienza el nuevo curso educativo 2021-2022. Un año que viene marcado por, nada más y nada menos, que el cambio de la titular en el Ministerio de Educación.  Pilar Alegría sustituye a la polémica Isabel Celaá, en un deseo del Gobierno de introducir serenidad en las turbulentas aguas del mar educativo.

Falta hará, porque el reto de este año es ingente con la puesta en marcha de la LOMLOE, el desarrollo de los currículos de todas las asignaturas, la normativa legal que se debe desarrollar en Decretos Reales y de las distintas consejerías autonómicas de educación y todo lo que conlleva una nueva ley educativa, Todo ello hace prever un año intenso de trabajo no exento de tensiones.

Si a ello sumamos que la pandemia de la COVID 19 sigue entre nosotros, aunque ya más controlada gracias a la vacunación que, de hecho, ya está llegando a los escolares, tenemos un año que distará mucho de ser un año normal. Aun así existe un deseo en toda la comunidad educativa de volver a la rutina, de ganar en la presencialidad, de poder hacer actividades extraescolares, de dar a los alumnos una educación lo más normal posible, que es un justo anhelo y que debemos ir conquistando poco a poco y con prudencia.